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Zdenek Tusek, de insomnios y migrañas El fotógrafo checo expone su obra más reciente en Factoría de papel

masdearte.com, 15. 9. 2015

Josef Koudelka no es el único fotógrafo checo interesante que este mes de septiembre muestra sus imágenes en Madrid. Hasta el próximo día 29 en el espacio Factoría de papelZdenek Tusek, que reside en España desde hace una década, nos enseña parte de subestiario privado, la continuación de la conocida serie del mismo título, siempre en proceso, compuesta por esculturas ensambladas y fotografiadas por él mismo que nos hablan, en último término, de sus paisajes mentales, porque los entornos en que las sitúa no son ya neutros, como en los inicios del proyecto, sino oníricos.

Heredero de la tradición fotográfica checa representada por Sudek, Saudek, Styrský, Pinkava, Svankmajer y el propio Koudelka (que acaba de abrir exhibición retrospectiva en la Fundación MAPFRE),  Tusek es amante de ese estilo de fotografía que asocia este medio con la pintura, con la nostalgia y la introspección, y su producción podría relacionarse con esos escenarios ceremoniales de J.P. Witkin y Roger Ballen, aunque estos últimos trabajos resultan más íntimos y personales; ha ganado peso el autorretrato.

Para conocer mejor al artista y su obra os proponemos leer la entrevista que Susana Blas, comisaría de la exposición, ha hecho a Zdenek Tusek y que ha querido compartir con los lectores de masdearte:

S: Zdenek, me gustaría que me comentaras esta afirmación que te he escuchado en más de una ocasión: «Entrar en un bosque es como entrar en una iglesia». ¿Qué significa el bosque para ti? Sé que tienes un conocimiento profundo del bosque, que eres Ingeniero Superior de Montes, y sobre todo, que en ese entorno natural, es donde encuentras los elementos que serán la base de tus fotografías.

Z: El paralelismo entre cierto tipo de bosque y una catedral es evidente: la verticalidad monumental y su peculiar ambiente aislado del mundo exterior: los olores, la luz filtrada y tenue y la sonoridad de un espacio encerrado bajo una bóveda. De allí la sensación de solemnidad que se apodera de uno al entrar. Pero además, entrar en un bosque es percibir la presencia de cierto misterio. Las formas bizarras, el juego de luces y sombras, lo oculto en lo inaccesible, la presencia condensada de la vida y de la muerte. Ya de niño me fascinaban los vestigios de esta vida oculta (las plumas encontradas, las cáscaras de los huevos, los nidos, las caracolas, los huesos y los cráneos), que se convertían para mí en pequeños fetiches, tanto por su belleza como por su potencial animista ya que me permitían conectarme con fuerzas más antiguas, más poderosas y más salvajes que a las que se acoge normalmente el hombre moderno.

S: ¿Cómo vives el proceso de «extranjero» con el paso de los años?…quizá al vivir suspendido entre dos culturas, te acechan los recuerdos de la infancia y la juventud que pasaste en Chequia… ¿Cómo se transmite este sentimiento en tu proceso artístico?

Z: Inevitablemente, con el tiempo uno acaba siendo extranjero tanto en el país de su origen como en el adoptivo, y se halla flotando en una especie de limbo. (Dice Kundera que la extrañeza en su vertiente chocante no se nos aparece en una mujer desconocida que pretendemos conquistar sino en aquella mujer que antaño era nuestra, y que solo el regreso al país natal tras una larga ausencia, permite desenmascarar la extrañeza esencial del mundo y de la existencia.) Pero también hay algo satisfactorio en la condición de estar dividido entre dos culturas: la posibilidad de beber de ambas, de vivir en el excitante filo entre lo familiar y lo exótico. A precio de que uno se convierta en un raro. Pero a mí lo raro siempre me ha atraído y creo que la rareza también forma parte esencial de mi obra. La infancia por supuesto tiene un peso especial en lo que soy y en los impulsos que dan origen a mi obra.

S: Vives en España, pero tu obra conecta con tu inconsciente checo, con un mundo de fantasía, de subjetividad, de irracionalidad, que conecta con tu infancia.

Z: Mi obra es fruto de todo lo que he sido hasta ahora. Llevo más de una década en España y la mayoría de mis fotos ha surgido en estos años. Por supuesto, el mundo de la infancia tiene un peso especial en lo que hago pero también son importantes los encuentros y exposiciones posteriores. Me impresionó mucho la exposición de Jan Svankmajer «La comida» que vi en Praga en 2004. O la del fotógrafo checo Ivan Pinkava («Héroes».) en ese mismo año en la galería praguense Rudolfinum. Pero las influencias posteriores han sido muchas (J.P. Witkin, R. Ballen, D. Arbus, el teatro butoh, el imaginario románico, etc…) y sería injusto restarles importancia. Por lo cua,l no sé si definiría mi obra como checa o centroeuropea. Son etiquetas y me dan un poco igual. Estoy de acuerdo con Rilke en que la única patria que tiene el hombre es su infancia, eso sí.

S: ¿Qué te gusta de Koudelka, el maestro de la fotografía checa que inaugura exposición en Madrid?

Z: De Koudelka me gusta todo; Koudelka es un dios. Lo primero que conocí de él fue su serie sobre los gitanos de Europa del este y me encantó. Fue uno de esos encuentros con la fotografía que hizo que quisiera ser fotógrafo.

S: ¿Y el paso del blanco y negro al color, en algunas ocasiones? ¿Qué significa el blanco y negro para ti?

Z: He preferido hasta ahora casi siempre trabajar en B/N. La mayoría de mis fotógrafos favoritos trabajan o han trabajado en B/N y yo adopté esta modalidad de forma natural para mi propia producción. Se trata de un gusto estético que he ido cultivando a lo largo de los años. Pero últimamente estoy también experimentando con el color, sobre todo allí donde me parece que el resultado final funciona mejor en color (o donde el color aporta más) que en la escala de grises.  Pero reconozco que la riqueza de los tonos grises en algunas fotografías me conmueve, pudiendo incluso ser el objeto fotografiado bien banal..

S: ¿En qué momento decides introducirte tú en las fotos, y a los niños, construyendo esos tableaux vivant?

Z: No sé, simplemente se me ocurrió. Salió natural introducir la figura humana en lo que antes era una especie de bodegón…y yo soy el cuerpo que en primer lugar tengo más cerca, y en segundo lugar: mis hijos, a los que veo todos los días. Fue una evolución natural.

Con el tiempo uno acaba siendo extranjero tanto en el país de su origen como en el adoptivo, y se halla flotando en una especie de limbo

S: Recuerdo que te enfadaste un poco cuando te sugerí el título «De insomnios y migrañas» para la muestra, quizá porque era revelar una parte muy importante de tus padecimientos… pero tienes que reconocer que luego te gustó porque ambos inspiran de algún modo tu creación…

Z: Susana, no sé, quizá tengas algo de razón…pero no quiero hablar mucho de eso. Prefiero que esta pregunta te la conteste Cioran:

«Hasta que viniste tú, insomnio, a sacudir mi carne y mi orgullo; tú, que transformas
al bruto juvenil, matizas sus instintos, avivas sus sueños; tú, que, en una sola noche,
dispensas más saber que los días consumados en el reposo, y, en los párpados
doloridos, descubres un suceso más importante que las enfermedades sin nombre o los desastres del tiempo».

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