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«Brundibár», la infancia más allá de las rejas

abc.es, 6.4.2016

Fuera de contexto, la ilustración puede parecer hasta graciosa. Un abuelo con espesa barba blanca y movimientos bailarines se quita el sombrero y saca una flor. Eso sí, hay detalles inquietantes. La estrella de David que el viejo lleva encima. Y la fecha: 15-7-1944. El dibujo es parte de una invitación para asistir a la representación de «Brundibár», ópera infantil de Hans Krása. El folleto indica día, hora y lugar de la función, pero no la dirección. Ni falta hace: todos los invitados ya están ahí y no tienen posibilidad alguna de salir. «Brundibár» se representó en Terezín, un campo de concentración cerca de Praga adonde los nazis fueron deportando a los judíos checoslovacos desde finales de los años treinta.

La propaganda nazi se esforzó en presentar Terezín al mundo como un lugar modélico, una suerte de balneario autogestionado en el que los judíos contaban con actividades culturales propias. Terezín era, en realidad, la antesala de Auschwitz, pero las circunstancias dieron pie a que un puñado de excelentes compositores checos ahí recluidos (Hans Krása, Pavel Haas, Gideon Klein, Viktor Ullmann) siguiera creando música con el fin de contrarrestar la dureza del cautiverio. Para vivir y no perder la esperanza.

Música antes de Auschwitz

La representación de «Brundibár» fue el acontecimiento musical más destacado en Terezín. Krása la había escrito en 1938 para un concurso de óperas infantiles. Una vez en Terezín, el compositor reconstruyó la partitura de memoria (no la llevaba consigo en el momento de la deportación); su puesta en escena brindó a los niños del campo de concentración un espacio de diversión al hacerlos protagonistas de su montaje.

«Brundibár» fue todo un éxito en Terezín: llegó a representarse cincuenta y cinco veces. La mayor parte de su público y de sus artífices, incluido el propio compositor, murió más tarde en Auschwitz. Redescubierta en los setenta, la obra no ha dejado de programarse en todo el mundo. Su música, candorosa y juguetona, es un recordatorio de cómo la humanidad y la creación pueden abrirse paso incluso en medio de las más atroces adversidades.

El Teatro Real propone «Brundibár» en su programación infantil como avanzadilla del ciclo «Crear para vivir », centrado en la música surgida en el contexto del Holocausto. En mayo y junio están previstos dos platos fuertes: el «Moisés y Aarón», de Schoenberg, junto a otro título menos conocido pero extraordinario: la ópera «Der Kaiser von Atlantis», que Viktor Ullmann compuso en Terezín.

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