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Se salvó de la cámara de gas de Auschwitz por un error con su edad

cadenaser.com, 12.4.2016

Dagmar Liblova, acaba de cumplir 87 años. Ya no puede cantar, su voz ya no lo resiste, pero su memoria continúa impecable. Es capaz de recordar la letra completa de la ópera infantil Brundibar. Es la fabula que Hans Kräsa creó en la clandestinidad en el gueto judío de Terezin, en la República Checa, durante la II Guerra Mundial. Y que ahora, el Teatro Real de Madrid ha revivido.

Con solo 10 años, Dagmar fue una de las primeras personas que cantó aquella ópera. Aquella niña checa encontró en la música, y en su coro infantil, un refugio para olvidar dónde estaba. “En Terezin había mucha gente, a las niñas como a mí nos metían en el mal llamado hogar infantil”, nos cuenta Dagmar, que todavía recuerda que lo peor de estar allí era “vivir con el miedo de que nos sacaran de allí, el miedo a que nos llevasen a otro destino peor”.

Y ese miedo se hizo realidad. Una mañana, las SS se llevaron a Dagmar, junto a sus padres, y a su hermana pequeña a Auschwitz-Birkenau, “nunca, nunca, nunca podré olvidar el día que tuve que despedirme de ellos. Con solo 15 años me quedé sola. Nunca más les volví a ver”.

Su número, el 70.788

Todavía hoy, Dagmar recuerda el 70.788. Es el número que todavía hoy lleva tatuado en su brazo. Después de la II Guerra Mundial, un médico le ofreció la posibilidad de ‘recortárselo’, pero Dagmar no quiso, “no me avergüenzo de llevarlo, no quise quitármelo para no olvidar nunca lo que había vivido”.

Se han cumplido ya 70 años desde la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz. Pero le preguntamos a Dagmar por problema del presente, por otros campos, los de refugiados.

¿'Que siente al ver las imágenes de niños descalzos en un lodazal en Idomeni, o gaseados con gas lacrimógeno en Macedonia?'

“Es una impresión terrible para mí, me da una pena inmensa todos los niños que veo en esa situación. Son unas imágenes muy duras, tengo una gran compasión hacia esos niños”

¿Cómo se salvó de la cámara de gas?

Entre sus recuerdos está, sin duda, el detalle que le salvó la vida. “No hay que olvidar que la mayoría de la gente que llegaba a Auschwitz moría en la cámara de gas. Eso fue lo que le ocurrió a los más 4.000 hombres, mujeres y niños que llegaron en un tren procedente de Terezin”.

Después de medio en ese campo de exterminio, Dagmar se enteró de que a los judíos a los que asignaban un trabajo no acaban en esa cámara.“Pero para poder trabar las SS fijaron un margen de edad, un margen que ninguno de nosotros cumplíamos”, recuerda. Sin embargo, el día que la jefa de selección entró en su barracón nombró su número, el 70.788 para asignarle un empleo. “Yo le dije que tenía 15 años, pero la encargada revisó los papeles, y me dijo ‘aquí pone que tienes 19 años’, así que me concedieron el trabajo”, y se salvó de la cámara de gas. Todavía hoy, más de 70 años después esta mujer checa desconoce “quién, cómo y por qué falsificó mi fecha de nacimiento”, pero lo que sí tiene claro es que ese detalle “me salvó la vida”.

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