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«Hay que aprender a no discriminar a grupos solo porque sean diferentes»

lavozdegalicia.es, 17. 12. 2016

«Que me invitasen a venir a Santiago fue sorprendente, muy grato. Sabía de esta ciudad, pero nunca pensaba que podría visitarla. Me hace mucha ilusión la representación en Santiago de la ópera Brundibár», explicaba ayer en el Concello la checa Dagmar Leiblová. Reconocía y recordaba todos los personajes de esa obra al ver la unidad didáctica editada para conmemorar la escenificación de esta noche en el Teatro Principal (20.00 horas). Para ella supone un momento especial de su vida, porque perteneció al coro que actuó en septiembre de 1943, cuando se estrenó en el gueto de Terezín, donde había ingresado el año anterior. Después estuvo en otros campos de exterminio, entre ellos el de Auschwitz, explica: «Por Terezín pasaron unas 140.000 personas, de Chequia, Austria, Eslovaquia, Alemania, Dinamarca o Holanda. De allí fuimos deportados unos 15.000 niños y niñas y sobrevivieron sobre 400», explica.

En Terezín pasó año y medio, y en total estuvo entre los 13 y los 16 años en campos de concentración, en su país y en Alemania. Ahora tiene 87 años, se encuentra bien y es autónoma. Al preguntarle por aquellos recuerdos, responde: «Por supuesto, las impresiones que tuve en campos de concentración no se pueden borrar. Pero desde entonces ya pasaron muchos años y viví el resto de mi vida muy felizmente». Y sobre si están curadas las heridas de aquel tiempo, afirma: «Si, de alguna manera están cerradas».

Tras superar aquella etapa, ejerció profesionalmente como profesora de idiomas. Trabajó en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Carolina de Praga, donde enseñó alemán. Es políglota, y también fue docente de checo en Suecia, y durante una etapa breve incluso de ruso en Ghana. Habla además inglés. «El sueco ya lo olvidé», dice.

Dagmar espera «un acontecimiento maravilloso» de la representación de Brundibár esta noche en el Teatro Principal. Recuerda su participación en 55 escenificaciones, en Terezín, hace 73 años: «Todos los niños estábamos encantados de actuar en una ópera. Brundibár era en realidad para nosotros un cuento de hadas sobre la vida real. Es una ópera donde los niños van a la escuela, compran helados, pan; hacen lo que hacíamos nosotros antes de que nos internasen en aquel gueto. Además, actuar suponía otra ventaja, la de que no teníamos que llevar la estrella con que nos marcaban y que era obligatoria; era como volver a sentirse de repente como una persona normal durante algún tiempo». Resalta asimismo que «la música, compuesta en los años 30 del siglo pasado, es muy hermosa; y es curioso que le siga gustando a niños de hoy».

Para esta profesora, es interesante que en los colegios se conozca mejor el Holocausto y su significado al trabajar con la unidad didáctica editada por el Concello de Santiago con motivo de esta representación.

Transcurridas siete décadas desde aquellos acontecimientos, sostiene que «entre las conclusiones que debe sacar la humanidad, una de las más importantes es que hay que aprender a no discriminar a grupos solo porque sean diferentes. Espero que ese aprendizaje sea permanente», subraya Leiblová. Sobre el auge del racismo y la xenofobia afirma que «son tendencias muy peligrosas, pero espero que la Europa actual sabrá solucionarlas».

Dagmar Leiblová. Profesora de idiomas checa jubilada. Por ser judía, estuvo entre los 13 y los 16 años en campos de concentración nazis, en su país y en Alemania.

«Brundibár». Participó en el coro que cantó Brundibár en el gueto de Terezín, y que hoy se representa en Santiago. En Compostela le ayudan dos compatriotas: Jana Korbelová, de la Embajada en Madrid; y Katerina Vlasakova, profesora de la USC.

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