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Václav Havel, el disidente educado

elpais.com, 7. 12. 2016

No era Václav Havel un líder al uso. “Soy demasiado educado para ser un buen disidente”, admitió el político checo cuando empezaba a despuntar en el movimiento de protesta pacífico que derrocó el régimen comunista de Checoslovaquia en 1989. Tampoco era un político corriente. “Renegaba de los partidos”, según cuenta Michael Zantovsky, uno de sus más cercanos colaboradores, en una biografía sobre el intelectual checo, Havel, una vida(Galaxia Gutenberg), que se acaba de publicar en España. “Era una persona que dejaba huella en los demás”, “marcaba las agendas”, pero no con “la monomanía de un auténtico visionario”, sino con “una bondad y amabilidad inquebrantables”, escribe Zantovsky. En definitiva, era “un hombre imperfecto, como todo el mundo”.

Como Zantovsky reconoce en el libro, ser amigo íntimo del primer presidente democrático de Checoslovaquia (1989-1992) y el primero de la República Checa (1993-2003), tras la escisión del país, no es necesariamente la mejor cualificación para escribirla. “Para marcar un poco las distancias la escribí en inglés”, explica durante una entrevista en Madrid. Zantovsky, que conoció al escritor y dramaturgo durante la Revolución de Terciopelo y fue su portavoz durante la presidencia, no evita hablar del lado oscuro de Havel: su tendencia a la depresión, a beber más de lo aconsejable, a las pastillas (primero para “activar su mente” y, años después, para dormir) y a las aventuras amorosas.

Se trata de la primera biografía que se publica del expresidente checo después de su muerte, en 2011, a los 75 años y viene a completar las heterodoxas memorias que Havel escribió tras dejar el poder, publicadas en español en 2008 con el título Sea breve, por favor.

Havel, un destacado ejemplo del líder comprometido, se describió a sí mismo como “un supuesto héroe, pero en secreto un manojo de nervios”. “Fue un líder atípico”, reflexiona Zantovsky, “era modesto, tímido, no manipulaba a la gente, la escuchaba y, al mismo tiempo, tenía un gran carisma”. Pero era persistente: cuando fue perseguido por la policía secreta comunista nunca se dio por vencido. Cuando estuvo en la cárcel durante la dictadura, salió con más energía. Cuando fue presidente, aguantó las críticas.

El autor de la biografía, director de la Librería Václav Havel en Praga, destaca que el político consiguió “guiar al país durante una revolución que no fue violenta, pero sí muy complicada”. Después, una vez establecida la democracia en 1989, “consiguió afianzar las bases del sistema creando las instituciones necesarias. Devolvió el país al mundo, a Europa”. Preguntado por sus fallos, Zantovsky destaca: “Nunca construyó un mecanismo, como los partidos, para ayudarle a poner sus ideas en práctica”.

Desde Europa se lanzaron críticas contra Havel por apoyar las intervenciones militares en las guerras de Bosnia, Kosovo e Irak (2003). “Muchos se sintieron decepcionados al ver que el hombre que hizo una revolución pacífica no era en realidad pacifista”, recuerda su colaborador. “Pero a Havel le marcó uno de los hechos más dramáticos de la historia checa: cuando los aliados cedieron los Sudetes a Hitler en septiembre de 1938 para favorecer la paz y el resultado fue la II Guerra Mundial. Desde entonces, Havel siempre pensó que no podíamos mantenernos al margen de la crueldad”, afirma.

La biografía, traducida a 12 idiomas, abarca múltiples aspectos de la vida del político: desde su infancia durante la guerra, sus inicios como activista (principalmente con la Carta 77, una declaración en defensa de los derechos humanos), su paso por la cárcel y la llegada a la presidencia en 1989, hasta su faceta más intelectual y personal. “Havel no solo quería un país libre, democrático y con una economía saneada; le habría gustado que calaran valores más profundos, como la tolerancia, la decencia… no solo la prosperidad”, confiesa Zantovsky. ¿Y no ha sido así? “No del todo. No somos un modelo en eso. También nos vemos afectados por la ola de populismo que recorre Europa y que está atacando a las democracias liberales”, añade. “Tras la victoria de Donald Trump vemos que no se trata de síntomas aislados, sino de una enfermedad mayor”, opina. Y hace una última recomendación: hay que buscar las causas.