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Leni Riefenstahl, la camarógrafa de los nazis, sube a escena

El País, 26.4. 2017

Montse Guallar encarna a la cineasta favorita de Hitler en un mano a mano con Sergi Mateu

JACINTO ANTÓN

Barcelona 26 ABR 2017 - 23:35 CEST

Montse Guallar en el papel de la cineasta favorita de Hitler, Leni Riefenstahl.

Goebbels le dedica en sus diarios entradas bastante elocuentes: "Por la tarde, Leni Riefenstahl me habla acerca de sus planes. Le propongo que haga una película sobre Hitler. Está entusiasmada con la idea". (...) "Es la única artista famosa que nos entiende". Actriz y directora célebre, estrella del cine alemán de entreguerras, Hitler admiraba sus películas y la convirtió en la gran camarógrafa del nazismo. Para el régimen, Riefenstahl filmó esas estremecedoras cimas de la propaganda política que son La victoria de la fe y El triunfo de la voluntad y el no menos comprometido (con el partido) documental sobre los JJ OO de Berlín del 36, Olympia.Tras la guerra, la cineasta trató de justificarse diciendo que ella era apolítica e ignoraba, pobrecilla, lo que hacían los nazis (en sus muy mentirosas memorias afirma incluso que no sabía distinguir a un SS de un SA, y no sería por no haberlos filmado), pero a la vez no dejó de vanagloriarse de su relación con Hitler e incluso de su ascendente erótico sobre él; “Hitler me deseaba como mujer”, escribe.

La controvertida mujer, fallecida en 2003 a la provecta edad de 101 años reinventada como submarinista y antropóloga de proximidad (con los macizos nuba sudaneses), resucita ahora en la piel de la actriz Montse Guallar en un espectáculo, Leni, del director checo afincado en Barcelona Pavel Bsonek, que se estrena el 6 de mayo en el Teatro Principal de Sabadell. La obra original, estrenada hace 4 años, fue un encargo del Teatro Nacional de Bratislava a los autores Valeria Schulczova y Roman Oleksak. En la pieza, Riefenstahl es objeto de una larga entrevista —que en realidad nunca se produjo— por parte del presentador de televisión estadounidense Johnny Carson (interpretado por Sergi Mateu). Las preguntas y las respuestas, sin embargo, están tomadas de entrevistas reales. El encuentro ficticio se sitúa en 1974, pero Guallar hace una Riefenstahl más joven. La actriz tiene la difícil papeleta de defender a su incómodo personaje en escena.

En sus muy mentirosas memorias afirma incluso que no sabía distinguir a un SS de un SA, y no sería por no haberlos filmado

“Me agarro a que es sin duda un carácter muy interesante y a que en lo suyo, como actriz y como cineasta, era muy buena, tenía talento, eso nadie lo cuestiona”, explica Guallar despojandose de un vistoso impermeable rojo (color que no debía gustarle mucho a Leni) y plegando un paraguas indescriptible que parece hecho con la ropa interior de Goering. Ciertamente, antes de su pacto fáustico con la esvástica, Riefenstahl había trabajado con Max Reinhardt y su película La luz azul fue premiada en la Biennale de 1932 y aclamaada por Chaplin, nada menos (también por Hitler, por eso).

La actriz catalana (que no trata de imitar a la cineasta berlinesa) añade que tenía pocos referentes de Riefenstahl y que ha llegado “virgen al personaje”. Ahora se ha metido tanto en el papel que hasta le repugna Goebbels (que según las memorias de la Riefenstahl la perseguía con una lascivia inusitada hasta para el rijoso ministro de Propaganda). Encuentra que es una mujer que “provoca fascinación”, pero pide que no se malinterprete la expresión. Considera Montse Guallar que la cineasta pagó un precio alto por su trato con los nazis (por no hablar de que a su hermano Heinz lo mataron en el frente ruso): tras la guerra se convirtió para buena parte de la opinión mundial en una apestada, entre otras cosas porque se negó a pedir perdón o a asumir ninguna responsabilidsd. “La suya fue la táctica habitual del 'yo no sabía nada'”, interviene el director Pavel Bsonek, “algo que ahora se ve mucho en España con el tema de la corrupción”.

La verdadera Leni Riefenstahl, con Hitler.

Bsonek se está convirtiendo en un especialista en llevar a escena a gente desagradable. En enero escenificó la conferencia de Wannsee, la reunión en la que se pespunteó la Solución Final de la cuestión judía (de la que por supuesto Leni no supo nunca nada). En aquel montaje aparecían Heydrich y Eichmann, entre otros monstruos. “Ambas obras forman parte de un ciclo, Cicatrices, en el que uno de los temas es la colaboración con un sistema atroz y el peaje que se paga por ello". Bsonek está de acuerdo con que Riefenstahl poseía mucho talento, “pero los principios los tenía muy escondidos”, ironiza. “Fue muy flexible con su conciencia al colaborar pero no estuvo igual de predispuesta a confesarlo”.

Montse Guallar cree que hay una frase que dice su personaje que lo define a la perfección: “No es importante para quién trabajo sino cómo lo hago”. Y añade la actriz: “Estaba obsesionada con su trabajo por encima de todo, de las ideas y de las personas. Quiso ser la mejor como bailarina, como actriz del género de películas de montaña, como directora, inventando nuevas técnicas y aparatos de filmación. A los 70 años aprendió a bucear y aún a los cien la puedes ver en una grabación enseñando como usar un equipo de edición digital”. Bsonek remata con la historia del grupo de gitanos que empleó Leni Riefenstahl en el rodaje en 1942 de su versión cinematográfica de Terra baixa (Tiefland): “No le importó que procedieran de un campo y volvieran a él al acabar”.

En todo caso, el director recalca que la obra no es un juicio a Leni Riefenstahl y que la pieza muestra también la manipulación a que somete el presentador al personaje durante la entrevista (en la que le llega apreguntar por el sexo de los nuba). No obstante, Bsonek y Guallar están de acuerdo en que la cineasta sale “perjudicada”.

Leni transcurre en el plató de la entrevista y en un camerino. La función dura 85 minutos y está apoyada por proyecciones, aunque el director subraya que es ya muy intensa sin necesidad de ellas. Otros dos actores, Minnie Marx y Carles Goñi, dan la réplica a Guallar y Mateu interpretando la primera a Bertha, una mujer alemana admiradora de Leni, y el segundo a su acompañante desde 1970 hasta su muerte, Horst Kettner, veinte años más joven que ella, ayuda de cámara, y de cámara.

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